Libros · No apagues la luz

Prólogo


Casi todo lo que de verdad da miedo espera a que te quedes quieto.

No derriba la puerta. No grita. No corre detrás de nadie por un pasillo. Sabe que no hace falta. Le basta con esperar a que apagues la televisión, a que se vaya el ruido de la calle, a que la casa se quede en ese silencio que creías tuyo. Le basta con que estés solo el rato suficiente.

No necesitas monstruos si el miedo ya vive contigo.

Los once cuentos de este libro no traen monstruos de fuera. Los de aquí ya estaban dentro, en los sitios donde uno no mira porque los cree seguros: la cama donde duermes, la letra con que escribes, tu propia voz, tu propia cara, la persona que los demás creen que eres, los muertos que quieres. Ninguno necesita la noche. Solo necesitan que les prestes atención. Y, una vez que se la prestas, ya no se van, porque mirar una de estas cosas es, casi siempre, enseñarle dónde estás.

No hay aquí explicaciones. No las busques. Lo que se explica deja de dar miedo, y estos cuentos no quieren consolarte: quieren acompañarte hasta cierta hora y dejarte ahí.

El título no es una metáfora. Léelos de día, si puedes. Y si los lees de noche, como casi seguro vas a hacer, recuerda al cerrar el libro que la última página no apaga nada, que la casa seguirá igual de callada, y que todavía vas a tener que cruzar el pasillo hasta tu cuarto.

Por si acaso.

No apagues la luz.